En las orillas del bosque vecino a una pequeña aldea, se encontraba el cuerpo sin vida del señor Bruce, el carpintero. Tenía los pies enterrados a la tierra del bosque, con semillas de arboles frutales en los puños. El carpintero era un señor de pocas palabras, su hijo se había ido a conseguir trabajo a la ciudad y su esposa había muerto de una enfermedad hace cuatro años. No tenía amistades cercanas, así que no había muchos de quien sospechar.
Como esta ya era la tercera victima en la aldea, los habitantes estaban nerviosos y alarmados. Entre los principales a tratar el tema, y con derecho a saber que pasaba, estaban: el padre James, un sujeto viejo y malhumorado que vestía túnicas arcaicas; el Líder aldeano, un señor de carácter fuerte pero con un liderazgo participativo, y el dueño de dos únicas tiendas en la aldea, tesorero y una especie de banco, quien aportaba dinero para que el padre y el líder siguieran teniendo poder. Toda la noche hubo silencio desgarrarte en la aldea, pues la persona mas inocente, se podía pensar que había sido el señor Bruce. Los tres poderes en el pueblo tomaron la decisión de llamar a un experto en el tema de la ciudad.
Al otro día, la joven Elena, se asomó temprano a su ventana. No había podido dormir, pues vivía sola al ser la hija del segundo asesinado, un vendedor de regalos y adornos de época, lo que la había dejado como costurera y sirvienta. La joven pelirroja abrió muy poco su cortina para que nadie se diera cuenta que había alguien adentro de esa casa, pues eran alrededor de las cuatro de la mañana, y el sol no había llegado aun. En el sendero, había neblina, silencio y suspenso, casi en su totalidad, porque a lo lejos, difícil de distinguir, se acercaba una figura indescifrable por la neblina…, se acercaba lento y confiado.
A Elena le latía tan fuerte el corazón, que le daba miedo que se escuchara en medio de ese silencio tan lleno de temor. La figura se acercaba en tan alargado tiempo, que sólo era más torturante el hecho de moverse, con cuidado de no ser vista. Elena se movió, pero no dejó de ver por la ventana. A pesar del frío, ella estaba sudando.
La figura acercándose se empezaba a ver mejor, y era obvio que se trataba de un humano y que era hombre, con algo cargando en la mano derecha. El hombre se paro en frente de la casa de Elena y miro hacia su ventana.
--¡Hey!—grito una voz afuera, lo que llamo la atención del desconocido— ¿quien eres?
De alguna parte entre la neblina se acercaba uno de los hombres del pueblo encargados de la guardia nocturna, apuntándole con una escopeta. El hombre extraño, bajo lo que tenia en la mano y saco algo de su bolsillo, que le mostro al hombre guardia. Después de un rato el guardia le dejó de apuntar y le hizo caminar junto a el.
Al otro día, la gente se amontonaba para escuchar lo que Viktor, el líder aldeano, tenia que decir:
-- Hemos dado un paso para bien en esta aldea, ya que hoy en la madrugada, llegó un sofisticado detective experto en estos casos a ayudarnos a detener todas las calamidades que están pasando estos días, esto nos dice que en un futuro todos estaremos igual de seguros y tranquilos como lo hacíamos antes de esta tempestad--. La gente aplaudió y grito con ganas.
El joven moreno y elegante, se levanto a lo que todos pensaron, era dirigirse a la muchedumbre. Se dio la vuelta y se bajó las escaleras seguido por el líder aldeano, el padre y el señor adinerado. Entraron a la casa del señor adinerado, a donde los acompañaron unos cuantos adultos más. Adentro todos se sentaron en sillas elegantes con una taza de té que fue repartiéndoles la sirvienta del señor Simons (Elena), a lo que siguió la plática.
-- Bien Joven, sabemos que eres un experto en el tema, esperamos y ponemos nuestra confianza en ti y en Dios, para que todo termine--. Le decía el padre al joven.
-- Terminará—respondió el joven con una voz grave y fría.
-- Ahora—interrumpió el tema el señor Viktor--, tenemos que pensar en dónde se quedara y quien le dará víveres a este nuevo integrante de nuestra comunidad--. Siguió un momento silencioso.
-- Yo le daré los víveres, pero no creo que se pueda quedar en mi casa, no hay mucho espacio--. Dijo el señor Simos.
-- La última vez que vi, tenías cuatro habitaciones más de las que necesitabas, Simons—le reclamaba Viktor.
-- No te ofendas chico, pero no confío mucho en los extraños--. La cara regordeta del señor Simons hacia una sonrisa desagradable. El joven sólo puso su atención a otra parte.
-- En la iglesia no se puede quedar, no sabemos si es un joven puro—decía el padre James, con cara de disgusto y mentira.
--Te diría que podrías quedarte en mi humilde casa hijo, pero las habitaciones no son…
-- No tengo tiempo de estar discutiendo quien desconfía más de mí, creo haber venido a lo contrario—afirmo con seguridad el joven.
-- Que se quede en mi casa- Grito la voz joven de una pelirroja.
-- ¡Señorita Elena¡ qué hace usted aquí, y que le hace pensar que será bien visto que un joven extraño se quede a dormir sólo con usted durante, no se cuantos días—decía el padre James.
-- Disculpe padre, solo soy una pobre huérfana, que vivo el horror de dormir todos los días sola, temiendo ser la próxima muerta—ante esta palabra hubo algunas expresiones de susto de las señoras presentes--, me vendría bien sólo un poco de seguridad, ya que el señor visitante no tiene dónde quedarse.
-- Si a nadie le importa, me iré con ricitos de oro, fue un viaje largo y tengo un asesino que descubrir mañana temprano—dijo el joven levantándose.
-- Supongo que no nos hará daño que se quede en la casa del viejo de los adornos—contestó el padre.
La habitación que le había sido asignada era enorme, a la que el joven oscureció tapando las ventanas con telas gruesas. Se encontraban acompañándolo el señor Víktor y Elena
-- Le daré gracias a Dios que usted esta aquí, si me permite presentarme, soy la señorita Elena…
-- Señorita Elena—interrumpió el joven—yo me llamo Déniz, es un placer bla bla, déjeme descansar por favor, no queremos más sangre—y cerro la puerta de su cuarto.
Pasaron cuatro días, las dudas caminaban rápido por las familias y Déniz citó a los tres hombres encargados de las decisiones en el pueblo.
-- El hombre que estamos buscando, es un hombre que busca vengarse de algo. Las victimas, como tengo entendido fueron todas halladas en las orillas del bosque—les explicaba.
-- Si, que gran avance hijo, pero eso lo vimos cuando nos dimos cuenta que estaban muertos—le dijo el padre James.
-- Eso—Déniz solo lo ignoro—quiere decir que es un lugar familiar para el mensaje que nos quiere dar. El carpintero con los pies enterrados y semillas de arboles naturales en las manos…
-- Pudo haberlas ido a recolectar—le dijo de nuevo el padre.
-- Si quiere respuestas— Déniz se dirigió hacia él—no me interrumpa. Si no lo han notado, en este bosque, solo crecen coníferas, debe ser alguien con casa dentro del bosque, que sepa manejarse dentro de el para no dejar huellas, alguien que ama el bosque.
-- Todos lo amamos—Dijo el regordete Simons.
-- No lo dudo señor Simons, pero esta persona en especial, esta drogada por el, pues está vengándose, con el carpintero esperando que de este crezca alguno de los arboles que corto para hacer las sillas bonitas que usted tiene en su sala--. El señor Simons callo a regañadientes—A la señora Norris, la primera de las victimas, la encontraron encima de una corteza encendida con una cigüeña en la mano hecha con cosas naturales, tengo entendido que la señora Norris era la dueña de la cocina rápida.
-- Así es, que tuvo que ver la manera de encontrarla—pregunto el señor viktor.
-- La cigüeña significa concebir, ¿de donde sacaban los animales que la señora Norris cocinaba?, le toco ser cocinada a ella. Al señor vendedor de adornos lo encontraron atado a un árbol repleto de lápiz labial en la cara, adornado como esos pinos que cortan cada navidad. Quiero saber si saben de alguien que viva en el bosque.
-- Hace tiempo había una vieja bruja que mandamos a vivir al bosque, pero era mas vieja que yo, cuando yo aun no lo era… tenía un chiquillo, la señorita Elena se juntaba con el.
-- ¡Si!, ella debe saber que está pasando—decía disparatadamente el señor Simons.
-- ¡Les juro que yo no tengo nada que ver!…
-- ¡Mentira!—le reprochaba el padre.
-- Bien, por si no se dieron cuenta, me han dicho que este hombre de pasatiempo exigente, ataca cada primero de mes, y hoy, es primero de mes, sin mencionar que en no menos de dos horas será de noche.
-- Que hacemos joven Déniz—preguntaba desesperado el señor Viktor.
-- Bien, señor Simons, prepare café, y dígale a todos los aldeanos que duerman esta noche en su casa, será más difícil asesinar a alguien cuando hay cien testigos. Yo iré a casa de la señorita Elena por mis cosas, usted señorita, quédese aquí hasta que estemos de vuelta.
Era difícil convencer a las personas de salir de sus casas para no ser asesinadas. La neblina se encargaba de que el pesado paso lento de los aldeanos de camino a la casa del señor Simons, se viera aun lleno de incertidumbre torturante a pesar de que había alguien con un plan. Denis agarro sus cosas por completo y corrió hacia el refugio gritándole a la gente que se apresurara antes de que la noche cobijara el terror de todos. La gente entró en la casa del señor Simos.
Dentro estaba la aldea entera hablando de cosas interesantes por ser el día que era. Déniz, pidió el cuarto de bóveda al señor Simons para interrogar a Elena.
Afuera, se escuchó que uno de los caballos del señor Simons se había soltado y galopaba por ahí. Todos guardaban silencio; después se escucharon dos caballos más que jalaban de la carreta del señor Simons, y se escuchaba claro que alguien la dirigía…. Pasaron unos momentos en terrible silencio y tocaron a la puerta.
La adrenalina se podía sentir en el espeso ambiente de pena e incertidumbre. El líder de la aldea, saco una escopeta y pregunto quien era, afuera contesto alguien, a quien no se le entendía nada por los galopes y la gruesa puerta. Viktor dio una señal para que todos dieran unos pasos hacia atrás y abrió la puerta apuntando. Afuera había un hombre rubio con unos portafolios en la mano y vestido de traje.
-- ¿Quién es usted?—pregunto con firmeza Viktor.
-- Siento haber tardado tanto, soy el detective Beningtoon, vengo por lo de los asesinatos recientes.
16 de Septiembre del 2008
Jossafat Gómez Serrato- a las 8:28 de la noche.