Sustento

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domingo, 12 de junio de 2016

Los de en medio

No había pasado ni una hora después que sonara inútilmente la alarma que debía indicarnos el momento de despertar, y ya tenía esa horrible sensación de que el día había finalizado en un resignado movimiento de cotidianidad. Algo al principio cómodo, pero repugnante conforme pasaron los años. Estaba recostado boca arriba con las palmas de las manos sintiendo mi cama recién ordenada y las suelas de mis zapatos inmóviles en el piso sin otro objetivo que intentar no darme cuenta de la constancia con la que parpadeaba y que podía sentir mis párpados, pues podía que atrajese toda mi atención y se convirtiera, sin mucho esfuerzo, en una nueva obsesión.
Conocía ya cada línea, cada punto, cada degradado que hacía la luz en el techo, y sin embargo lo veía cada mañana, cada tarde y cada silencio. Me daba la tranquilidad de sentirme en casa que le da a cualquiera su música, o la voz de alguien que se repitiera con constancia diciendo más o menos las mismas frases y reaccionando más o menos de la misma forma cada día.
Yo sólo tenía mis libros antiguos y ese techo gris para escapar del Solomon, vehículo en el que viajábamos y dentro del que estaba destinado a morir. Al parecer nuestro mundo era un mundo minimalista construido a partir de la aspiración que otros habían sembrado en nuestros corazones, y que nos empujaba a pensar en el futuro y las oportunidades venideras, pero era una ilusión y yo lo sabía… nosotros sólo éramos los de en medio, destinados a mirar hacia ambos lados en un limbo de simulaciones materiales.
La única manera que tenía de entender a los demás era aprendiendo de textos. Si miraba hacia un lado podía aprender que ellos terminaban los días, que había temor en las calles y temor a los interiores, que había enfermedades o pobreza. Si miraba hacia el otro lado  había jardines y belleza, había facilidad, prosperidad y veranos, pero era meramente teórico, yo no había vivido esas vidas; no había vivido ninguna vida.

  Los primeros que abordaron el Solomon tuvieron la oportunidad de experimentar todas esas sensaciones que, como primerizos, tenían el privilegio de sentir. Desde el reclutamiento de los mejores hasta el entrenamiento de años para asegurarse de que estuvieran capacitados para una misión tan obscenamente ambiciosa. No debió ser fácil convertirse en herramientas de producción. Tuvieron que despedirse de los suyos sabiendo que jamás los volverían a ver, ni a ningún rastro de su paso por el mundo.
La sensación de abordar la nave y adentrarse en la oscuridad más orgánica que la existencia le puede brindar a un ser humano estaba reservada para ellos: despegar y despedirse de la tierra y todos los conflictos de la sociedad humana que tanto aborrecían en las noticias. A ellos no se les guardaba envidia; brindaban futuro al perderlo todo.
Uno nunca espera despedirse del día y la noche, de la navidad ni del frío o el calor.
Ellos tuvieron la tarea de afrontar la comparación de dos vidas, de establecer un modo de vivir para todas las generaciones que vinieran después y resignarse a que pasara tanto tiempo después de su muerte para que todo valiera la pena.
Eventualmente también habría una generación de personas destinadas a experimentar inversamente lo que los primeros vivieron. Deshacerse de su vida abordo y empezar una nueva de colonización, herencia y adaptación: Regresar a ser humanos.
Ellos tendrían esta nueva tierra donde fluía melódicamente cada recurso para ellos. Estarían a cargo de construir caminos, política y arte; construir organizaciones de todo tipo para que el nuevo hogar se sintiera con la sazón de la vida humana. A través de ellos se volvería a contagiar la atmósfera de sistemas, de corrupción y crimen, si así lo permitían.
Entre los dos estábamos nosotros.
El planeta más cercano que se logró encontrar -en óptimas condiciones de alojar vida humana- está a cientos de años luz, lo que complicó todo, pues tardaríamos cientos de años en llegar si domináramos la velocidad de la luz, pero la materia no puede hacer tal cosa.
El viaje para poblar ese lugar llevaría tanto tiempo, que mandaron una generación de personas equipadas con la genética y conocimiento necesario, destinadas a dejar otras varias generaciones de descendientes, y que una de esas viviera lo suficiente para llegar a heredar el planeta.
Una vez adentro, la inseminación artificial, un estricto control de alimentación, ejercicio, culturización y educación; prepararían a las personas para brindar de nuestros nutrientes como especie a ese lugar.
Conforme pasaron las primeras generaciones, empezó una depresión colectiva y una severa pérdida de la identidad. Las personas se volvían apáticas, hipocondriacas, indiferentes… la población comenzó a reducirse, pues las esperanzas se perdían. La muerte se llevaba las aspiraciones y los sueños de todos los de en medio, los que estábamos recorriendo esa violenta parte del camino entre los que habían perdido todo, y los que heredarían el mundo.
Era imposible de evitar, el alma se nos escapaba a través de la distancia entre nuestro hogar y el desgaste espiritual, y eso me hacía enfurecer, porque sabía que no había salida, no había opciones… ahí había nacido, ahí moriría, y eso sería todo.

  Esta mañana me levanté, preparé todo lo que había estado acumulando desde hace mucho tiempo, con cuidado de que no sospecharan ni limitaran mi acceso a ciertos recursos, y estoy dispuesto a terminar con este ciclo impuesto psicológicamente a todos los que estamos encerrados en este interminable viaje hacia una libertad que no nos pertenecerá. Soy un extranjero en medio del universo, un indocumentado interestelar.
Soy un Placebo social creado para que todos tengan la ilusión de poder alcanzar la leche y  miel que fluyen en los jardines de los herederos; pero ellos no dejarán su herencia, y a mí los caminos se me han cerrado. Pertenezco al grupo de comunidades plásticas que tienen una falsa esperanza de ascender, y se regocijan en su miseria.
De ahora en adelante, el camino lo recorreré yo solo, y buscaré nebulosas y loterías astronómicas por los caminos que me dicte mi propia ideología, pues si estoy destinado a esta oscuridad, creada exclusivamente para mí, al menos quiero aprender a atravesarla con mis principios.

Al menos quiero cosechar una libertad que no sea ajena.

domingo, 30 de noviembre de 2014

CARROÑEROS.

Estamos acostumbrados a enjuiciar cubriéndonos de una falsa autoridad porque también nos cansamos de tragarnos la lengua [de mirar con odio estático]. Estamos acostumbrados a mirar con desprecio el legado sagrado que protege el más cercano, pero lamer la piel ampulosa del viajero, pues amamos fingir que queremos aprender, y nos convertimos en carroñeros que decidieron perfumar de filantropía la suciedad que tragan. El único sendero que hay para llegar está disfrazado de gris [para no ser profanado], y también el sendero de pestilencia se disfraza para poder llegar a mercados fáciles. Fuimos seleccionados para pelear con honor, pero nos ocultamos en las coladeras y le pagamos la fiesta al villano que nos asalta cuando el sol está distraído, pues sólo conocemos las bases corruptas que nos trajeron a donde estamos, y no sabemos llegar sin arrodillarnos al miedo [sin mutilar nuestro linaje].
Como cada que el tiempo arranca el cabello de los sabios, dejamos que arranquen nuestra verdad con la condición de que nos dejen estar un poco más en el hedor de las coladeras [el desfile de suciedad humana en que nos convertimos], porque no conocemos más.
Después de todo volverás a conectar tus venas de transferencia y revivir con sangre ilegal que estaba caducada antes de que empezaras a mutar tu moral.
Al final, podemos arrastrarnos las veces que sean necesarias de regreso, pues el perdón no tiene que ver con las consecuencias y hay vacunas para todos… pero no todos las conocen.

viernes, 20 de abril de 2012

Mil años después, son las siete.


Eh estado esperando que den las siete desde hace tres horas. No me eh presentado como tal, porque me gustaría más darle una sorpresa.
La verdad no sé si me vea muy bien, o el olor del perfume siga conmigo porque eh tenido un viaje largo y cansado; pero es un asunto urgente. Resulta que nadie me ha dejado explicarle a manera de detalle lo escandaloso que ha sido esto desde que me ausenté, y tampoco me había dado el tiempo.
En la primera vez que me di cuenta de lo enamorado que estaba de E, estábamos violentamente cerca y no se me ocurrió otra cosa que fingir que me era irrelevante. Había estado levantado desde muy temprano y no lucía del todo bien [o por lo menos eso pensaba], por eso me puse nervioso… por eso y porque soy muy malo para estas cosas del amor, muy inexperto. A partir de ahí comencé a dar inmaduras indirectas para que ella se diera cuenta del hecho… ella o sus amigas, pero nunca funcionaron.
Incluso llegué a tener la impresión de que a E, le desagradaba mi persona… eso era bastante triste, pero no lo dejé de intentar. El segundo día del tercer mes del año después de intentarlo a fuego lento durante tanto tiempo… después de imaginarme varias escenas azucaradas a veces en las noches, E y yo, fuimos novios.
Desde entonces, constantemente me envolvía una realidad distinta al oler su perfume, o verle a los ojos… incluso creía que mis emociones estaban creciendo absurdamente pronto como para lo lento que había sido conseguir que fuésemos novios. Intentaba controlarme y, a veces lo lograba, a veces sólo salía un involuntario Te quiero.
Se convertía a paso firme en un concepto que abrazaba varias cuestiones que a mí me había gustado ignorar hacía mucho: ¿Cuánto estoy dispuesto a querer?, ¿Es cierto que es posible enamorarse perdidamente de alguien, como para no recordar si fue voluntario? E, me hacía bromas que sacaban risas perdidas; me daba abrazos que casi me arrancaban la piel, me daba miradas con la capacidad de hacerme flotar.  Para entonces era imposible de callar, estaba profundamente enamorado y el asunto empeoraba… porque yo casi era primerizo, como un cachorro con una pelota: que se emociona tanto, que no sabe qué hacer.
Pero bueno… en el año de 988 dC; en el núcleo del sol se transformó el hidrógeno en fotones, y estos, desde entonces comenzaron a luchar por salir de ese núcleo. Veintitrés años después, más partículas de luz comenzaron el mismo camino… del centro hacia afuera del sol, para ser libres. Después de mil años de duro trabajo fueron por fin libres en medio del espacio, y corrieron hacia acá, hacia la tierra, a iluminar dos días en especial.
El primer grupo de partículas iluminó el día en que E nació, lo que era relevante para el segundo grupo de fotones… que iluminó lo poco que pudo a través de las nubes embarazadas el día que E y yo nos despedimos.
Yo tenía tantos sueños y ambiciones como cualquier joven de mi edad, y del cielo junto a la lluvia, cayó mojada la oportunidad de irme a estudiar seis meses al extranjero.
Oportunidad para estudiar seis meses en otro país para el jove O. Firma: el cielo—Decía el documento.
Por su puesto no perdí la oportunidad de irme, lo duro fue despedirnos.
Llegamos tres horas antes al aeropuerto y a pesar de que mis amigos y familiares me acompañaban también, de ellos no recuerdo mucho de ese día… no porque no me importen, si no porque eh estado pensando en la despedida entre E y yo desde entonces.
Ella se sentó al lado de mí y se quedó callada alrededor de veinte minutos [o algo así]. Yo la veía mover los pies seria en la silla, y cuando cruzábamos miradas me sonreía con mucho esfuerzo. Pasó de eso a tomarme de la mano y después recargarse en mi hombro. Veíamos a todas las personas pasar; a veces se me ocurría que mejor debería quedarme, pero de momento no dije nada con miedo de estallar.
--Cuando sea demasiado difícil de aguantar, ya voy a estar contigo de nuevo—le dije, pero ella me calló la boca con su mano, y siguió recargada en mi.
--Estoy feliz porque te vas… es cierto que te voy a extrañar mucho, y soy muy mala fingiendo que soy fuerte, pero ya me estoy imaginando en esta misma silla esperando tu vuelo de regreso.
--Creo que mejor me quedo.
--No digas tonterías.
--Tengo algo que decirte… creía que debía esperar más para decírtelo pero…
--Entonces espera.
--¿Cuánto tiempo?
--Seis meses… O, esta despedida ya es bastante difícil… sólo abrázame y déjame recordarte así.
Por las bocinas del aeropuerto una mujer dijo: Los jóvenes O y E, favor de despedirse de una manera dolorosa, llorar y separarse por un largo tiempo [o algo parecido a eso]. Me levanté, me despedí de mamá y de mis amigos, que me dieron consejos que tenían que ver con embriagarme o traerles recuerdos… y después me despedí de E.
La abracé tan fuerte que me daba miedo fracturarle alguna costilla,  y durante tanto tiempo que mi mamá me presionaba para irme. No pude decir nada, estaba esforzándome por no romper en llanto, pero ella no se esforzó tanto. Lloraba y sonreía al mismo tiempo, y cuando me alejaba, cada que yo volteaba hacia atrás ella agitaba su mano y me sonreía, pero seguía llorando. Nunca me olvidaré de eso…
El vuelo fue largo, cansado y aburrido como el de regreso. La estancia allá fue fría, solitaria y cansada… y yo sólo podía pensar en E. La internet nos ayudaba a cubrir la soledad con placebos, pero no era suficiente y conforme el tiempo pasaba los dos íbamos perdiendo la paciencia. Me encerraba en cafés locales a escribirle cartas, porque me parecía más romántico  que aunque hablara con ella por facebook, le escribiría directamente a su buzón. Le envié chocolates y recuerdos pequeños que me parecían delicados para lo que sentía, y seguiría sintiendo por ella. Ella me envió algunas cosas que creía que extrañaría, y las perfumaba con su fragancia que extrañaba tanto… cuando me llegaba un paquete de ella, dormía abrazado a él.
Hice algunos amigos y la escuela me ayudaba a distraer lo mucho que la extrañaba, igual que hacía ella con sus actividades por aquí… pero a mí me costaba mucho más trabajo estar alejado de todo mi mundo, y más de ella. Había tantas cosas en ese lugar que quería compartirle, había tantas cosas que quería decirle cuando el día oscurecía… pero no era lo mismo por internet, o por teléfono.
Después de concluir mi lapso de estudiante, le escribí diciéndole que lo más probable sería regresar dos semanas después… pero con la lluvia del martes cayó un boleto de avión que decía: Aborda el primer avión dl jueves y dale una sorpresa.
Estoy cansado y contracturado, pero después de estar un poco con mi madre en la mañana, me dirigí a su casa, emocionado y tembloroso. Estúpidamente compré desde allá este ramo de flores y tuve que viajar en metro concentrado en que no se arruinaran.
Cuando llegué a su casa, su mamá me recibió alegre, pero me dijo que salía hasta las siete y faltaban cuatro horas para eso… decidí venir a su trabajo y abordar de nuevo el metro. Eh estado aquí afuera desde entonces, hambriento y cansado, el corazón no ha reducido su velocidad. Eh cruzado un océano para encontrarle de nuevo y lo haría las veces que fueran necesarias… pero bueno, si me permites, ya son las siete.

domingo, 21 de agosto de 2011

Inalterable

Eh visto tantas veces a mis hermanos y hermanas caer en su propia calumnia.
Eh presenciado la hora en que uno caza y devora a su prójimo, y luego festeja su heroicidad.
Dejan que sus cuerpos adopten formas convenientes a la arquitectura que han construido, no para crecer, si no para adaptarse a la putrefacción que ellos mismos crearon, a la ulceración de su propio discurso.
Sin embargo, yo, estoy parado aquí junto a ellos, apunto del suicidio espiritual, aferrado a la energía que me da una esperanza que, como siga siendo la mitad de un grano de mostaza, seguiré inmutable.
[Inquebrantable]
[Inalterable]
[Continuo]…

Mimetismo

Arrastraré lo que queda de mí al mar, y me someteré a su voluntad.
Porque como en sueños, yo mismo soy quien merma su destino cada vez que este trata de nutrirme de nuevo.
Dejaré que sus olas me lleven, dejaré que su poder me reconstruya y me mimetizaré para que cuando me mires, no mires mi tamaño ni mi debilidad, si no el poder del mar.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Orgánico - Mecánico.

Ojalá que al escribir esto tuviera en total claridad lo que quiero decirte, pero me siento cansado.
Vivo en una parte del futuro donde todos viven entre el sueño y la realidad, pasean y mueren. Mi punto es en medio, simplemente… desenfocado.
Permíteme hablar en general para incendiar la sangre, lo que quiero es hacer que fluya de nuevo como antes, pero no puedo. Los intelectuales pierden su lado espiritual y contagian de esa vanidosa enfermedad a todo el mundo, y eventualmente se eliminó el asombro. Nadie es capaz de imaginar cosas imposibles, o de tratar de hacerlas… nadie llora ni siente ira nunca, sólo caminan en direcciones programadas por su función.
Es parte de la segunda etapa de la oscuridad, es parte del sacrificio que le dio el hombre al diablo a cambio de saberlo todo desde que vieron películas y leyeron libros. Y yo sigo aquí parado en medio de todos los que desfilan, antojando de su carne a los carroñeros.
Nada se ve muy bien, es borroso y carece de gran color… porque no hay de qué quejarse, porque no hay de quien enamorarse.
Te pido a ti, quien quiera que seas, que aun tienes la curiosidad por leer… que no dejes que se extinga el asombro… por que es peor vivir sin ningún motivo, que morir…

lunes, 18 de abril de 2011

El hedor de las coladeras

Ya eran las doce de la noche y yo estaba sola afuera de ese edificio en obra negra. Acababa de llover en ese barrio sólo y las calles aun estaban mojadas, así que cualquier persona, cualquier coche, cualquier gato que pasaba dejaba su rastro indiscreto que me aterraba más y más.
A las esquinas de la calle del edificio iban muchos hombres borrachos, se sostenían un rato para aguantar otros pasos sin caer, algunos orinaban y otros cantaban canciones de pérdidas amorosas. Pero yo seguía ahí, dentro de la oscuridad, parada debajo de la sombra que se había convertido en mi única compañera y también mi única forma de no ser invadida por cualquiera que pasara con el corazón podrido. A lo lejos se veía vapor saliendo de las coladeras, me imaginaba su hedor y lo comparo con la hora en la que me propuse tener que estar allí, asustada.
Y es que yo sé que soy bonita, y demasiado joven para arriesgarme a tomar una decisión tan estúpida… y por más que medite en lo que decidí ya no podía irme de ahí. La culpa de todo la tiene mi mamá, que no se pudo fijar en que su hija adolescente es tan idiota para dejarla sola; debió atarme o contratar una niñera como a un maldito bebé. Todo el tiempo se la pasaba repitiéndome que era una tonta pero jamás se la creyó y por eso ahora eh vendido mi alma poseída por el hedor de las coladeras a las que tendré que descender un día… a recoger los restos.
Si supieras lo enamorada que estaba de él… a menudo me preguntaba porque me sentía tan bien, tan protegida y a salvo, entre sus brazos y hasta con ese actuar lento que hombres como él tienen… delicado y elegante pero altanero. Nadie nunca fue tan bueno conmigo, nadie fue para si quiera dejarme respirar el sobrante de las pequeñas risas que la gente feliz tiene de vez en cuando, al ir solos en el autobús, después de leer un mensaje… esa risa que yo no pude hacer nunca. Nunca pude tener gran cosa… lo único que tenía era a un cerdo con palabras fuertes.
Y al final dejó de ser mi protección para tomar relevo con esa sombra que me aplastaba en la calle, mientras estaba empapada y sucia… ¡seguro miraba las demás faldas agranda escrotos y se carcajeaba de mi!
<<Soy una pendeja, soy una pendeja… soy yo… soy yo… sigo siendo yo>> me decía todo el tiempo mientras las lágrimas calentaban un poco mis ojos. Pero luego lo vi, y estaba igual de muerto que siempre, estaba igual de quebrantado por la suciedad que marchitó sus ojos, que ya no me veían a mí, y como desde que me cortó para mí estaba muerto… debía estarlo para los demás.
Lo siento tanto amigo, y sé que tenía que decírselo a alguien como tu… que me entiendes y me lo has dicho: A veces aunque tenga 16 años hago cosas de una gran mujer… ¿no me lo dijiste? ¡O sólo lo dijiste porque creías que también tú podrías llamarme y sacarme el corazón para comértelo! Pues tu también mereces estar en la coladera y lo disfrutaré tanto porque seguramente estaré observando tu cara mientras te tragas mis palabras… no soy débil, no soy débil y en cuanto salga de esta clínica te mandaré un frasco con el hedor que siente mi corazón, te lo mandaré con la puta que está sacando a escondidas esto… te lo mandaré para que sepas que es estar encerrado aquí, al lado de un montón de poseídos, y sepas que nadie me quiere y nadie me sacará de aquí jamás.