Sustento

Sustento

lunes, 3 de enero de 2011

Como Palomas

Como palomas
Afuera de la escuela, los niños siempre tenían cosas que contar, comprar o de que enterarse. Javier era uno de los niños que poco contaban y de poco se enteraban, pero compraba siempre mucho; hacía tiempo que se había cambiado de casa; pero aun no se acostumbraba a la nueva rutina a pesar de que sus padres eran extremadamente amigables.
  Su padre, Armando,  se encargaba de dirigir algún eslabón de  una cadena de tiendas de ropa para mujer, por lo que cambiaban de casa cada vez que una nueva y más grande abría, o el jefe le daba un nuevo acenso. Su madre, Catia, era una mujer encantadoramente amable, y  donde quiera que viviera tenia amigas siguiéndola para pedirle recetas de sus postres habituativos,  o un consejo sabio. Ella era quien daba la orden de orar por las noches, antes de los alimentos o cambiarse de casa de nuevo.
  Eran casi las tres y la madre de Javier todavía no llegaba por el; <<Deja de comer o no nos dejaras nada>> Se escuchaba de ves en cuando al ir al puestecito de chicharrones y congeladas de afuera de la escuela a comprar alguna cosa mas. Enfrente, había un parque en el que había señores  cantando canciones románticas y muchos novios riendo con el amor, lo que hacía que este típico parque melódico y familiar. En medio del parque, había un gran árbol seco en el que había gomas de mascar pegadas y nombres tallados con flechas y corazones. Frente al árbol había una banca.
  Javier era un niño rosa y regordete, al que no le importaba demasiado si la gente se acercaba a él o no, la felicidad no giraba alrededor de eso. Se sentó en la banca y comenzó a comer sus chicharrones.
--Si quisiera que mi madre me encontrara fuera de la escuela, estaría esperándola ahí—Dijo un hombre que de repente apareció sentado a su lado. El hombre era alto y rubio, sus ojos eran color gris y estaba vestido  en una forma muy extraña.
  Javier solo lo vio.
--Este árbol solía ser el más hermoso de todos sabes—continuo—, lleno de hojas verdes y de pájaros o ardillas jugueteando en él… lástima que halla dado su vida por algo que no valió la pena.
--¿Dio su vida?—Pregunto Javier  sin miedo.
--Si, a veces se tiene que dar la vida para que las cosas que están cambiando alrededor, sigan haciendo lo que están acostumbradas a hacer. Veras: si no hubieran hecho este bello parque,  este árbol no se habría llenado de plagas, pero así tuvo que ser para que la gente cantara y amara en este lugar.
--Entonces, el parque no es tan bonito.
--No es el objetivo el parque, en este parque hay recuerdos y costumbres que necesita tener la gente para vivir cómodamente, y de ser necesario, sería destruido también para un nuevo cambio.
--Lo dijiste como si no fuera triste.
--Creo que va mas allá de lo que yo crea, si quieres acompañarme, te enseñare que puedes dejar de estar triste en un momento.
--Yo no estoy triste.
--Aprende de alguien que no quiere que lo estés nunca.
  Se levantaron y treparon en el árbol, y al llegar a la mitad de lo que solía ser una copa llena de hojas, ahora solo llena de ramas, se sentaron.
--Si pones atención a todo lo que pasa alrededor, podrás darte cuenta de que casi es lo mismo: el tipo cantando, la pareja de novios o las palomas comiendo.
--No entiendo.
--Ninguno de ellos, al estar dentro de este parque, tienen un propósito o un horario de actividades que hacer para que todo lo demás funcione bien; y sin embargo, ese es el motivo por el que este parque funciona bien, y  todos son felices de no preocuparse por tener un trabajo obligatorio.
--Pero allá afuera si, la gente camina rápido y se levanta temprano para llegar al trabajo.
--Lo que hace de este parque algo especial, es que también es trabajo del señor con la guitarra venir a cantar todos los días, o el de las palomas tener su área para que los viejos las vean comer, o el de los novios verse en secreto a la misma hora todos los días. Allá afuera se ah perdido el gusto de hacerlo y todo se tornó en lo que jamás se quiso; el orden que tienen todos no es si no una ilusión para que las disciplinas se hagan perfectas, y con la perfección se va el toque mágico que todo tiene.
<<Un maestro se levanta temprano y desayuna aprisa para ir en el carro quejándose del transito por la presión de llegar a tiempo a clase. El señor de la guitarra se levanta temprano a afinar su guitarra y guardarla en un estuche para venir, comprarle algo de comida a la señora que esta de paso, con la que charla unos minutos mientras come y llegar aquí a ganarse algunas monedas o amistades. Los dos llegan al mismo tiempo e incluso, el señor guitarrista algunas veces está aquí más temprano que el día anterior. La diferencia es que el maestro no te enseña a darle magia a tu vida y a la de los demás, y el guitarrista no cree que sea necesario eso, por que todos lo deberíamos de saber. >>
--Y ¿Por qué piensas que este lugar tiene algo mágico? —Dijo el chico mas interesado
--Quería que entendieras que todo el parque es una sola cosa, aunque tu veas que un árbol está separado de otro, o que una persona es diferente al pasto; te lo voy a mostrar--. Silbo un par de veces y decenas de palomas llegaron a posarse en las ramas, su regazo y los hombros de Javier. El chico quedo impresionado.
--¡Te obedecen!, jamás había visto alguien controlar tantos animales al mismo tiempo.
-- Yo no los controlo, platico con ellos, y ellos vienen si un amigo les llama.
--¿Sabes hablar como una paloma? Enséñame.
--Podrás hacerlo cuando tengas entendido que la paloma, el parque, las ardillas, el maestro o el guitarrista, son parte de un solo instante eterno que es armonioso entre si.
--O sea que yo podría ser como una paloma.
--Si, a menos que antes de eso tu vida tenga que terminar para que el instante se adapte más a sus gustos. Cambiar una vida por algo material esta de moda.
--Quiero ser una paloma.
--Si. —Concluyo el hombre, y hecho a volar tomando de la mano a Javier .Con sus grandes y poderosas alas, en contra del viento, rápido y emocionante. Hacia piruetas o se acercaba a los árboles dentro del parque hasta soltar a Javier para que volara y silbara por su cuenta, abriendo los brazos y cerrando los ojos… sonriendo y viviendo por fin de verdad. El árbol comenzó a reverdecer y los dos salieron del parque alejándose para siempre.

   La tía de Javier, Paula, Se levantaba como de costumbre a las ocho de la mañana, para prepararse un te, y salir al balcón a disfrutar de su solitaria jubilación. Ella jamás había tenido familia, y le gustaba recordar a Javier y su especial familia feliz, llena de costumbres que a todo el mundo le parecían ver sólo en las películas extranjeras. Después de tomar el té, salió de compras por algunos ingredientes necesarios para lo que tenía en mente para su comida. En el café de al lado de su casa, había un señor de gran bigote que le coqueteaba con algunos cumplidos alegres después de los buenos días de pasada por la mañana azul. De regreso a su casa, cerró la puerta rápido y contesto el teléfono.
--Bueno.
--Paula te estoy llame y llame, que bueno que te encuentro. Catia nos necesita,  vamos a velar a Javier.
--¡¿A Javier?¡

1 comentario: