Sustento

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lunes, 3 de enero de 2011

Llueve bajo el mar

Una regresión al año no hace daño.
  Llovía afuera con furia, lo que era un problema porque Alejandra y sus amigos tenían que ir a una fiesta, y no tenían con coche. La lluvia era tan fuerte que pensar en ir caminando o sólo abrir una ventana era disparatado, mientras que el aburrimiento se estaba haciendo cada vez peor.
--Háblale a Pedro, el trae nave—Decía Alex, su amigo mas malhumorado.
--Pedro está de vacaciones—Contesto Alejandra
  Después quedó otro silencio… roto por la lluvia.
Había cuatro personas fastidiadas ahí, esperando e imaginando la forma de ir a la fiesta, presumirse entre los demás, tomar algunos tragos y tener resaca al otro día.
--¡Quiero tener cruda mañana!—Decía Ángel, su otro amigo.
  Se conocían desde antes de primaria, la corta distancia entre sus casas había hecho fácil que coincidieran en escuela sus madres, que de por si ya se conocían, y desde preescolar hasta terminar la secundaria, habían sido amigos. Una ves terminada la secundaria, dos de ellos estaban en la misma preparatoria pero no fue razón para dejar de ser siempre los cuatro, al pasar la tarde, ir a sus lugares favoritos juntos, a fiestas, o aguantar el llanto de quien había terminado un noviazgo.
  Eran un cuarteto muy raro: Alejandra, era una chica muy abierta que gustaba de hacer bromas, o dar sarcasmos para burlarse de los demás, vestía muchos colores pero nos se veía infantil, a diferencia de Gabriela, que era risueña dulce y cálida. La mayoría de las veces Gabriela seguía el juego de Alejandra. Ángel era un joven activo que tenia que estar haciendo cosas todo el tiempo, siempre entraba en las bromas de equipo y por lo regular, las empezaba. Alejandro por otra parte, era de los chicos que hacían sentir inferiores a los demás y buscaba refugio de su des estabilidad emocional con cualquiera de ellos, después haciéndole prometer que no le diría a nadie nada… su fuerte era tener buen gusto al vestirse.
  El disco había acabado y nadie lo iba a cambiar, por que significaría resignarse a quedarse ahí un rato más. La lluvia era decidida, no se iba a terminar, no ese día.
  <<Tsssst, tsssst>>, hacia un zumbido por ahí. Todos se voltearon a ver pensando en que era eso, después Gabriela saco su teléfono de la bolsa de mano.
--Bueno—Contesto y espero un rato… todos la veían con esperanza--… si, si, no te preocupes de todos modos…, oh si yo les digo… ok bueno pues nos vemos luego, cuídate ¡ciao!
--¿Quien era?—Dijo impaciente Alex.
--Pablo, dijo que no había llegado nadie, que había tres tipos nada mas, que mejor la cambia para mañana.
--¡Rayos! ¡Vamos a estar encerrados aquí toda la noche!—Dijo Gaby, sin quitar su sonrisa.
--Haremos una pijamada—bromeo Alejandra.
--Ya ni siquiera con la esperanza de que se acabe la lluvia vamos a tener algo que hacer…-- se quejo Alejandro de nuevo.
--Ya se—dijo Ángel—armamos unos pomos aquí en tu casa—le dijo a Alejandra.
--¡Muy bien! Pero vas tu ¿va?—le dijo Alejandra fingiendo emoción.
-- Ah que tonto—se quejo Ángel de si mismo--. Entonces habrá que hacer algo ya.
  Pasaron mas minutos y cuando se encontraron acostados en la alfombra sin siquiera toser, empezaron a levantarse y curiosear en su casa.
--¿Quien tiene amigos que no les gusten los videojuegos?—se quejo  Ángel jugando con adornitos de la mesa de centro de la sala.
-- Siempre juegas el mismo, el fut bol es un asco—le dijo Alejandro sirviéndose leche en la cocina.
--¿Te estas sirviendo leche?—le dijo Alejandra
--Si.
--¿Por qué?
--¿Por que no?
 --Hay ya basta—dijo Gaby—ve como estamos, yo cuento las pelusitas de aquí abajo, Ángel extraña sus jueguitos y Alejandro se sirve leche… ¡LECHE!, vamos a buscar un juego de mesa o algo, por lo menos ya sabemos que no hay fiesta y no somos los únicos aburridos.
--Si vamos ya—dijo Ángel.
--Como quieran, se me hace igual de simple--. Contesto Alejandro, yendo atrás de ellos.
  Entraron en el antiguo cuarto de juegos de Alejandra, Su casa era grande y lo habían cambio a uno de los del segundo piso, sin dar aun con que hacer con ese restante. Aun había juguetes de Alejandra, algunas sillas y mecedoras, mesas y cajas, pelucas y toda clase de cosas curiosas que un cuarto de juegos encierra siempre. Entraron y empezaron a revisar, algunos burlándose de cómo se le veían unas pelucas, otros de cómo habían quedado sus muñecas después de haber jugado alguna vez afuera en la tierra con ellas: su cabello era un desastre. Angel hizo algunas cajas hacia los lados, pero nadie le prestaba atención, todos tenían algo que ver; después puso las mesitas en medio, y la mecedora viendo hacia la pared mas lejana de la puerta. Se sentó en ella.
  Gaby seguía viendo las muñecas de Alejandra con nostalgia, recordaba de niñas cuando las pintaban con bolígrafos de la cara y sus mamas se enojaban; tenían que lavarlas aunque el contorno de sus ojos jamás se despintaba del todo. Había osos de peluche que a veces representaban muñecas aun cuando las tenían. Alejandra veía las cocinitas y los mini supers que tenia ahí, casi nunca eran lo que debían ser cuando jugaban ella y sus amigos. Por lo regular eran la “vas”, de un juego para correr, el lugar donde retomar fuerzas por estar combatiendo contra malos o monstruos, o la estación súper tecnológica y vanguardista de unos espías de renombre. Era difícil jugar a algo de niños o de niñas solamente, ya que eran cuatro niños y niñas. Solían ser todo lo que querían, todo.
Alejandro veía las pelotas, y recordaba que siempre perdía en los juegos de pelota, se ponía a llorar y sus amigos le decían que habría que jugar a otra cosa, para que no se sintiera mal… siempre quería ser el principal.
--¡Waaaw!—grito Gaby-- ¿te acuerdas?...
  Y corrió a mostrarle una hoja de cartulina con cuadritos y rectángulos recortados en medio. Todos menos Ángel se acercaron. Después Alejandro busco y saco otra cartulina, y la puso detrás de la que tenia los espacios. La cartulina de atrás tenía letras y letras con disparates que no existían, pero una vez leyendo solo lo que se podía ver en los espacios de la de encima:
“El tesoro esta en la casa de mi agüelita”
Todos rieron de nostalgia, y burlándose de la ortografía de entonces que tenia Gabriela. Era raro recordar que eran aun mejores que hermanos, entonces no lo pensaban por que  era natural ser los mejores amigos… ahora se preocupaban por verse bien, y no por correr en el lodo o ir de casa en casa de cada uno de ellos, planeando quien seria el villano del juego siguiente.
--Ese calamar me las va a pagar de una ves por todas—decía engrosando la voz Ángel, sentado viendo hacia la pared del final del cuarto en la mecedora, viendo la pared hacia arriba y hacia abajo como si fuera una televisión.
  Los demás rieron, y Gabriela le aventó  un oso de peluche. Ángel volteo, tenia una cara graciosa, fingiendo ser un hombre rudo.
--¿Soy el único hombre en este tonto submarino que  se preocupa por matar a ese calamar asesino?... esperen a que el capitán se entere.
  Alejandro estaba a punto de hacerle burla de su tan infantil actitud.
--Tu oficial al mando merece una disculpa--. Le reprocho Alejandra a Gabriela--. Esta misión no es para juguetones… esto requiere de hábiles guerreros, ¡me entiendes!
-- Lo siento, capitán, me invaden los nervios, a veces, siento que no saldremos de esta de nuevo.
  Alejandro ya no podía burlarse de nadie, ahora la habitación era un submarino.
--Ese—contesto Ángel volteándose de nuevo hacia la pared--, es un riesgo que todos tomamos. No somos marinos corrientes ¿recuerdas?, somos los mejores, y por eso arriesgamos la vida en esta misión… si morimos, moriremos como héroes.
--¡Ya lo oyeron todos!—dijo Alejandra— ¡a sus puestos de inmediato!.. Necesito informe de avance.
  Gabriela corrió hacia una de las mesitas de en medio, el cuarto era enorme, y busco entre papeles invisibles, después se agacho a ver debajo de la mesa por que no encontraba el reporte. Empezó a sacar cosas de las cajas y por fin lo encontró, invisible como los demás papeles.
--Ya casi llegamos sargento, pero el oxigeno se acaba y el combustible también, si el oficial sigue yendo tan rápido temo que nos quedaremos en el fondo del mar.
--No diga tonterías sargento.
--¿Quién es el sargento, tu o yo?
--Yo perdón… No diga tonterías teniente, el oficial es el mejor de todos los mares, sin el si que estaríamos muertos todos.
-- Oh si—dijo Ángel viendo por el periscopio—nos acercamos, el radar muestra un cuerpo lejano inmóvil, y por aquí ya no hay mas criaturas marinas, un asesino esta cerca.
--Iré por nuestras ropas de guerra—se ofreció Alejandra.
  El submarino constaba de varios cuartos con pasadizos y habitaciones cada uno. En el del final, se encontraban las maletas con las ropas de guerra de cada uno de los más altos, y dentro de los cuartos, soldados esperando órdenes. Paso entre todos los cuartos oscuros, con solo luces necesarias en lugares donde se requería ver a detalle, y pantallas por todas partes con tecnología modernísima, que eran computadoras que daban información y hacían acciones increíbles. Pasó entre todo eso, abrió la puerta del cuartel de mando y le entrego su ropa de combate al oficial al mando, quien se las empezó a poner, después al sargento y…
--A mi no me des nada eh, me van a contagiar lo teto—Dijo Alejandro, y todos en el cuarto rosado le reprocharon con un berrinche su actitud aburrida.
-- ¡Prepárense!—dijo el oficial—la batalla esta cerca y lo mas seguro es que resultemos muertos, sin embargo prefiero arriesgar mi vida y asegurar la muerte de ese tonto calamar, que regresar con vida y perdedor a casa… ¡sargento!
--¡Señor!
--Encárguese del radar, necesito saber con exactitud la distancia entre esa bestia y yo.
-- A la orden.
--¡Teniente!
--¡si mi oficial!—dijo Gaby presentándose lista para la batalla.
--Encárguese de que las armas estén cargadas y listas, necesito todo el cargamento para derribar este monstruo, también avise a los soldados que se preparen.
  Gaby salió corriendo entre los cuartos sonando las alarmas y su silbato. Los soldados se ponían en posición de sus labores. Después mandó que algunos vieran que los cañones de reserva estuvieran cargados, ella fue por los principales.
--Estamos a 500 metros señor—Dijo el sargento
--Excelente—contestó el capitán
--¡Se atoró el torpedo numero uno señor!—grito Gaby con desesperación.
--¡No podemos fallar teniente!, haga lo necesario para disparar ese primer torpedo.
  Gaby se ayudo con un soldado para alistar el torpedo a como diera lugar. Alejandro se estaba poniendo nervioso de tanto movimiento, los soldados estaban asustados y le contagiaban su estado emocional, sin contar las órdenes los gritos y los sonidos de alarma… ¿sonidos de alarma?, esto estaba yendo demasiado lejos, se acerco a la puerta.
--¡No la abras! — gritaron al mismo tiempo Gabriela y Alejandra, pero Alejandro de todos modos abrió la puerta.
--¡Torpedo preparado!—grito la teniente.
--Estamos a cien metros señor, es buena distancia para el blanco—confirmó la sargento fijando su vista en el radar de la pantalla oprimiendo miles de botones extraños sobre la misma pantalla.
--¡Fuego!
  Alejandro cerró la puerta empapado, y con cara de incredulidad… estaba empapado por abrir la puerta.
--Abrí la puerta y me empape, ¡salió agua de la puerta!—dijo emocionado
--Eso es por que estamos en un submarino tonto soldado, no salió agua de la puerta, entró--. Le dijo uno de los soldados encargados de los torpedos.
  El torpedo disparado hizo una de esas cosas bruscas que matan a la gente en momentos de emoción.
--Hombre herido, ¡Hombre herido!—gritaba con desesperación la teniente.
--Caramba teniente, tenemos muchos hombres, aliste mi torpedo número dos.
--Lo hemos perdido… ¡se fueee!—dijo hincada y llorando por su soldado a cargo--. Muy bien, ganaremos esta batalla por este soldado y su familia que ah quedado desamparada el día de hoy… y vengare tu muerte, lo juro por todo lo sagrado que ah…
--Teniente déjese de ridiculeces, después hace juramentos y refranes, por ahora ¡ALISTE MI TORPEDO NÚMERO DOS!—Gritaba el oficial llegando a la histeria.
--Oficial estamos demasiado cerca, es peligroso.
BUM. El calamar golpeo el submarino  y todos salieron volando. Alejandro se levanto asustado del piso.  La sargento, de inmediato empezó a controlar los sistemas del submarino en su pantalla ultra tecnológica.
--¡Nos dio!—decía el oficial—es la ultima ves que nos da, ¡torpedo dos!
--¡Listo señor!—contesto la teniente
--¡FUEGO!
--¡Le dimos!—dijo la sargento viendo la pantalla y alegrándose--. Cuidado oficial, estamos demasiado cerca y puede que…
  BUM. De nuevo les había pegado, y otra ves, y otra ves. En el submarino los superiores y los soldados volaban de lado a lado rebotando y tirando todo a su paso, incluyendo las pelucas y las cajas, las armas y los radios del ejercito… era un caos.
--¡Estamos perdiendoooooo!—gritaba el oficial con un nudo final en su garganta.
--…Tranquilos todos…—dijo una vos con autoridad y confianza.
--¡Es el capitán!, creí que jamás vendría capitán, ¡estamos salvados!
  El capitán era alto, y sus vestiduras eran definitivamente de guerra, tal ves guerra terrestre, pero eran de guerra.
--Capitán Alejandro, ¿por que trae un casco de soldado terrestre?—preguntó la sargento.
--¿Trae un casco?—pregunto Gaby.
--Silencio sargento, usted no sabe de moda militar… ahora, ¡todos a sus puestos!
  Todos corrieron a sus puestos y se prepararon a seguir órdenes.
--¡Ale!, dispare torpedos 3, 5 y 6, y todos los pequeños de reserva… al mismo tiempo—dijo el capitán.
--¿Cuál ale?—pregunto Ángel.
--El que no soy yo.
--Le sugiero que llame a las personas por su cargo ya que…
--¡FUEGOOOO!
   Se dispararon los torpedos con una furiosa sacudida, con la que todos cayeron violentamente. El humo cegaba dentro del submarino que estaba en un triste desastre donde los soldados y los juguetes yacían en el piso. Se levantaron poco a poco con miedo de ver en sus pantallas, parabrisas o periscopios.
--Lo derribamos--. Dijo casi incrédula la sargento. Todos gritaron y festejaron, se abrazaron y brincaron de alegría… La teniente aventó los papeles que tanto le estorbaban en la mesa y el capitán aplaudía elegantemente desde su puesto de mando.
--No tan rápido soldados, aun tenemos que dar vuelta para regresar, y no sabemos con cuanto oxigeno contemos… ¡oficial!, ¿de que es la alarma que está sonando tanto?
--Es el timbre, ya llegaron mis papas—dijo Alejandra y el submarino volvió a ser su antiguo cuarto de juegos— ¡dijeron que iban a traer pizza!—se alegró.
  Todos soltaron sus juguetes y salieron a cenar.

1 comentario:

  1. Un cuento que me llevo más allá...logré sentirme dentro de cada escena y siempre me mantuvo alerta e intrigada! me encantó!

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